martes, 2 de octubre de 2012

JULIO MESA "EL CUBANO QUE RECITABA A LUIS CHAMIZO"


JULIO MESA “EL CUBANO QUE RECITABA A LUIS CHAMIZO”

        Recuerdo, un poco empañado por la bruma del tiempo, aquél día en el que lo conocí. Pasaba por la calle de “La Bomba”, decidiendo si entraba a tomarme una cerveza ó no en  “El Farol Portugués”, cuando Manolo Sordo, desde el otro lado de la calle llamó mi atención. Se encontraba en la puerta de su negocio, la galería de arte “Acuarela”, y me saludó brazo en alto. Me acerqué hasta él, con la intención de devolverle el saludo, hacía algún tiempo que no nos veíamos. Era pasado el medio día, de una jornada gris de finales de Otoño.
Manolo, interrumpió la distendida charla que compartía con un señor menudo, de poca estatura, enfundado en un traje de color gris marengo, mayor, muy mayor me pareció en aquél instante. Su rostro estaba surcado descaradamente por el tiempo y por una azarosa vida a decir por la dirección de sus arrugas. El cabello, que dejaba ver un sombrero de fieltro negro, era totalmente cano, largo, poco peinado que sin complejos terminaba al comienzo de la espada recogido en una coleta.
Manolo, tras saludarnos, me presentó a aquel hombre, su traje gris marengo, que ahora, más cerca, me dio la impresión que podría tener, los mismos años que su dueño.
Seguidamente me habló sobre las virtudes de aquél señor. Era poeta y declamaba a Chamizo extraordinariamente, en particular “La Nacencia”.
La información me la daba porque yo en aquella época coordinaba una tertulia en las que se ofrecían recitales poéticos, en un pub, “La Regenta” llevaba por nombre . La sana intención de Manuel era que le diera a su acompañante, una oportunidad algún jueves.
Julio Ezequiel Mesa Acosta en 2008
Lo cierto es que las habilidades del señor del sombrero “Borsalino”, no me impresionaron, ni siquiera me llamaron la atención. Ya contaba con los mejores declamadores en “Castuo”: Julián Mojedano y, mucho más joven y casi recién llegado, Javier Feijoo, entre otros.
Pero un poco más tarde, cuando el hombre menudo tomó la palabra, me di cuenta de su marcado acento caribeño. Inmediatamente me pregunte: ¿Cómo resultaría la mezcla de los versos de Luis Chamizo y el deje cubano?
Sí, uno de aquellos jueves, el segundo de Noviembre de 1999, Julio Ezequiel Mesa Acosta, se estrenaba en “La Regenta”. Tenía 75 años.
Nació en Máximo Gómez, de la provincia de Matanzas, el 10 de Abril de 1924, coincidiendo con lo que los cubanos llamaron: “Movimiento Insurreccional”.
Su recital gustó, a la gente le resultó original y les impresionó el que todas las poesías las sabia de memoria. Luego llegarían más recitales y otros estrados. Por supuesto que no faltó a ninguna cita de los jueves, excepto cuando viajaba a Cuba o Estados Unidos.
Julio, después de abandonar su país el 6 de Enero de1970 y tras una estancia en Madrid de cuatro meses, no más del tiempo que tardó en conseguir el visado para los EEUU, tiempo que le reportó el conocer a María del Carmen, la que sería su mujer, sin más demora se trasladó a Nueva York. Allí trabajó en diferentes actividades, entre ellas: chofer de un Gipsy taxi y como administrador de un edificio de vecinos, creo, pues en la Universidad de la Habana estudió Contador Público.
Con el paso de las semanas, hicimos buena amistad, estuvo a mi lado en momentos adversos, difíciles de sobrellevar en soledad. No faltaron eventos gratos, como aquél largo y rápido viaje, que con más tiempo es posible que narre. Compartimos penas, alegrías y algún que otro secreto, de esos que se esconden en lo más recóndito del alma.
Tras las  declamaciones de la poesías de Luis Chamizo, lo animé a que diera a conocer las suyas, a que escribiera otras nuevas La primera composición me la dedicó, fue un ovillejo, que dice así:   

 Todos van donde él va
Juan

¡Cuantos númenes enciendes!
Antonio Méndez

Es de la letras devoto
del Soto

Y forma gran alboroto
los jueves en "La Regenta"
quien al Arte representa
Juan Antonio Méndez del Soto

Recordaba con un tinte amargo, cuando ya jubilado, dejó Nueva York y vino por su mujer, a la que nunca le gustó la megalópolis, a jugar sus partidas de ajedrez Aquí y en San Vicente de Alcántara, pueblo natal de María del Carmen. Habían transcurridos veinte años.
Era la ciudad donde le habría gustado vivir para siempre. Lo vi llorar aquél aciago 11 de Septiembre.

Las torres gemelas.
Postales rememorativas a millares
 ¡Las Gemelas ausentes!
 El odio que sienten
 quienes no son capaces
 de crear otras torres iguales
 no pervivirán.
 Morirán los que intenten
 destruir a los países que luchan por la libertad,
que se afanan y avanzan y triunfan

A sus 80 años, posiblemente ayudado por su inesperada fama local, entrevistas en radio, prensa y televisión, y el ambiente literario, que creyó culto y bohemio, cambió su modo de vida y un poco el carácter. Se olvidó de la edad, se relajó en sus obligaciones.
Julio escribe:

ANÁLISIS

 Después de haber vivido inocuamente

buscando solidez en mi existencia

con desmedido afán a la docencia

En un recital en homenaje a Julián Mojedano
se desliza mi vida lentamente

No se que hacer, quiero parar su huida
y no encuentro ni modo ni manera
ante mi siempre encuentro una escalera
por la que he de ascender, aciaga vida.

Infinitos peldaños me separan,
de una vida que aspiro a hacer normal
di cual es mi pecado, cual el mal
que tus leyes condenan y no amparan

Quiero vivir, pero vivir tranquilo en completo solaz
como siempre, sin cargos de conciencia
que sin cuitas transcurra mi existencia
conservando la calma, el sosiego y la paz

Pero algo se interpone en mi camino
yo siempre encuentro un valladar delante
por doquiera que voy
señor, dime que soy
¿Un bárbaro? ¿Un tunante?
¿Una bestia feroz? ¿Un asesino?

No Señor, no, Tú bien lo sabes
que  duda cabe
que yo no soy un malhechor
sólo un ser descarriado
que  implora tu perdón...

 Pero no hay escarmiento para un reincidente, y comete una nueva equivocación. Una de esas que guía la buena voluntad ó quizás, en este caso en concreto, el miedo a la soledad. Quiso traerse a un familiar, liberarlo de aquella isla del Diablo, como él decía. No cejó hasta que trajo, gastando lo suyo y lo ajeno, a un sobrino, que de Educación sabía poco y de agradecimientos menos. Vino a trabajar, se suponía, pero por si a caso, se trajo la hamaca.
La edad inevitable, se nos viene encima y comienza a ahogarnos, como lo hace una boa constrictor. Julio levantaba muros de aíre en un intento vano de aplazarla.
Decía una y otra vez: “A todos se les muere un tío menos a los sobrinos míos”, “Yo feliz cono el camarón” “Viviré hasta los 110 años, luego me tiraré desde lo más alto del Empire State”.
Estaba convencido que sobreviviría a Fidel, con un poco de suerte también a Raúl Castro, que conocería la libertad en Cuba.
No pudo ser, le faltaron veinte años murió a los 90, hace dos o dos, meses y medio. Aún no he podido enterarme con exactitud, nos cogió a todos de vacaciones. Por otro lado, “el sobrino” no dijo nada, seguramente tampoco se enteró.
Lo que sí sé, es que su transito lo hizo desde la casa de su mujer, la buena Maria del Carmen, en San Vicente de Alcántara, Aquí venía poco, de vez en cuando y sólo a algún recital. En los últimos tiempos nos vimos escasamente, porque hay hechos que cambian la vida, hechos en los que tienes que elegir el camino que van a seguir tus pasos, la carga de tu mochila y la compañía en el viaje.
Me niego a terminar estás líneas, sin los datos que faltan, al menos la fecha exacta de su muerte. Busco en mis viejas agendas y encuentro su número de teléfono en San Vicente, marco y espero oír la voz de María del Carmen, pero lo que llega a mi oído es el tono de que el número no existe o ha sido dado de baja.
La mala noticia me la dio, cosas raras que ocurren, Manolo Sordo en su Galería de Arte.

Julio entre Javier Feijoo y José M. Ferrera

INMORTALIDAD


No he de morir                                                                                                                                   
He de seguir viviendo
aunque muchos deseen mi deceso.
he de seguir viviendo
porque solo para vivir
estoy yo hecho.

                                                                    

 Despedida



Julio en la terraza de "Gran Café Victoria"


                                                                                                                                                                                                Tú te condenas a la soledad,      
allá tú con tu condena.
Mi conciencia tranquila, en paz, serena
Descubre como la maldad
penetra el corazón de una persona buena.

Se deja seducir por cantos de sirena
torpes, ruines,  que llevan en su seno
como las víboras mortal veneno
y son dañinas a conciencia plena
simulando un carácter dulce y bueno.

Las apariencias nunca son fiables
sobre todo en presuntas consejeras
cuyas palabras, aunque lisonjeras
son ruines y mezquinas de apariencia amables
busca en ti la verdad. Serás lo que eras.
y lo agradecerás.



Sirvan estas letras como recuerdo a un amigo, que mereció irse más acompañado.


 Julio Ezequiel Mesa Acosta, deja inédito un poemario con la totalidad de su obra, bajo el titulo: “Yo, apátrida?, al cual pertenecen las poesías que en este artículo se recogen.
Parte de su Obra se puede encontrar en los cuadernillos “Momentos Literarios” y los libros que anualmente edita el “Gran Café Victoria” de Badajoz, donde se siguen celebrando recitales todos los Jueves.

Juan Antonio Rguez Méndez del Soto