viernes, 16 de agosto de 2019

GRACIAS LA VIDA QUE ME HA DADO TANTO...




GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO…


Quizás, mejor: Gracias a las “gracias” de la Vida, que me han quitado tanto…
Sí, porque la vida es una pérdida continua, desde el mismo momento en que nacemos, comenzamos a perder por mucho que otros se empecinen en querer demostrar todo lo contrario.
¡Bien! Que por un servidor no quede, les daré la razón, pero sólo por unos momentos. Ganamos durante nuestro corto paso por la Vida, muchas riquezas, materiales y espirituales: Joyas, alimento, dinero… Sabiduría, fama, amor, recuerdo… Como en todo, unos reciben más que otros. En todos los casos, me pregunto: ¿para qué? Y ¿durante cuanto tiempo podremos atesorar esas ganancias? Exactamente, lo que dura la Vida, nuestra vida, la de cada uno.
Mejor hablamos de perdidas continuas. Aquí no cabe la cuestión de la botella medio llena o medio vacía. La “Botella de la Vida”, tal como las de vino –malo o bueno, lo mismo da- , siempre, siempre termina vacía. Se pierden momentos, horas, años, incluidos los que nos marcan la edad. No suman, ¡restan! Descumplimos de una cantidad total, que hoy por hoy, no podemos conocer. Tenemos algo en común con los “replicantes”, de los que nos habla Philip K. Dick, en su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” 
¿De qué nos servirá tanto saber, tanta experiencia, tanto amor dado, o recibido? 
Y por qué no admitir que no da, sino que presta durante un tiempo, pero que al final te lo quita, todo. Incluso ella misma te abandona.
¿Llegamos a unos acuerdos? 
Lo que nos da la Vida, es de ella y al final en ella se queda.
Solamente somos lo que vivimos. 
El recuerdo se tiene mientras se vive.
Por mucho que nos aferremos a nuestros bienes terrenales y espirituales, jamás seremos inmortales.
Pero regresemos a lo que realmente querían ser todo este “letrerio”, una introducción a lo que les propongo que sean las nuevas páginas de este blog, que hoy retomo.
Sí, seguiremos escribiendo de “La Vida”, aunque en ocasiones entremos en temas envueltos por la niebla del misterio.
Hablaré de mi “PParkinson” –no ninguna de las dos “P” sobra, el uso de la primera es por no dejar caer un taco, en las primeras líneas-, desde que me lo diagnosticaron hasta la actualidad, pasando por la intervención a la que fui sometido recientemente, para la implantación de unos electrodos en el cerebro y el estimulador en el pecho. Todo ello con la colaboración de la que ha sufrido la P enfermedad con la misma –posiblemente más- que yo, me refiero a mi mujer.
Ambos nos ponemos a su disposición, para responder a sus preguntas sobre la intervención y el Parkinson en general. 
No olvidemos que las enfermedades son regalos de la Vida y en ella se padecen.