domingo, 8 de febrero de 2015

MIENTRAS ME TOMO EL PRIMER CAFÉ DE LA MAÑANA



 







    Esta mañana, tras levantarme, y como suelo hacer todos los días miro, tras el cristal de la ventana a la calle semivacía, sólo los que esperan un autobús en la parada, que no para nada las inclemencias del incongruente clima. Miro hacia la izquierda para comprobar la temperatura que marca, junto a la hora y la fecha, un poste, cuya verdadera función es mostrar el anuncio de alguna industria, hoy marca menos siete grados. Eran exactamente las siete treinta y cinco, aún no había amanecido.
Ahí fuera tiene que hacer un frío de mil demonios, pensé; pero si tengo que decir la verdad, fue “del carajo” y no de los demonios. No creo que los demonios sean seres fríos, su color rojo, su actividad maligna continua, un día con Fausto, otro con Dorian Grey, que si con Montoya, con un servidor… y que viven en el Infierno, entre llamas… No me pegan mucho para ilustrar  el frío que está haciendo. Ángeles sería más apropiado, ya que estos habitan en el Cielo y el Cielo es lo contrario del Infierno…

Son cosa que te vienen a  la mente antes de tomarte el primer café de la mañana.

El Infierno se quedó fijado en mi pensamiento durante un rato, hasta y como de un fundido cinematográfico se tratara, apareció la imagen de un borracho, que solía sentarse en un banco frente a mi ventana, al otro lado de la calle para tomarse las cajas de vino malo, que aunque, y es lo que dice el “cartón”, así es como llaman al “tetabric”, que es para usar en la cocina; le garantizo que es mejor echarle agua al guiso. Alguna vez lo observé cuando iba a comprarlos al supermercado cercano, no pasaba más allá de  de la línea de cajas y pedía a una de las cajera, que hiciera el favor de traerle la caja de vino, tras dejar la moneda. Seguramente no lo dejarían entrar más allá, a el parecía no molestarle, incluso entender que incordiaba su hedor y su imagen desastrada.  
Desconozco cuantos consumía al día, pienso que muchos, tantos que ya había perdido la dignidad y la vergüenza, hacían muchos meses que no se orinaba en mi portal ni en el recinto donde un banco tiene los cajeros automáticos, se lo hacía encima, sin importarle donde estuviera. Olía a alcohol y orines a más de diez metros.
Justo es decir, que no era ningún “brutamontes”, no incordiaba, dejaba con serenidad que el mundo pasara, saludaba educadamente, incluso mantenía conversaciones con más de un parroquiano, bajo la marquesina de la parada de autobús, los días de lluvia. Supongo que se guarecía bajo ella, pues era el refugio más cercano a su banco y porque podía estar sentado, aunque podía andar sin hacer demasiadas eses, lo de estar de pie parado casi le era imposible, parecía un ªtentetiesoª hasta que daba un traspiés.  
La marquesina de poco servía por su altura, eso cuando llovía en vertical, pues si hacía aire, lo mismo daba estar bajo ella o no.
Nunca mantuve una conversación con él, jamás cruce ni tan siquiera un saludo, las noticias que tengo de este señor alcohólico, son las que he oído de soslayo. Por lo escuchado –quiero que conste claramente, que esto de poner el oído a conversaciones ajenas, no es vicio, lo achaco a deformación profesional y únicamente lo hago en contadas ocasiones–, enviudó, ya por entonces era buen bebedor, afición esta que aumentó al no tener el freno de su esposa y el de sus hijos ya independizados. Tenía donde cobijarse, pero… la casa estaba a nombre de su difunta esposa, por lo que los hijos, no poseo el dato de cuantos eran, pongamos que dos hijo e hija, exigieron lo que le correspondía de la herencia de su madre, en la que se encontraba la casa en la que  vivía su padre, el señor alcohólico. Vendieron, cada uno cogió su parte, descontados impuestos y gastos varios, lo que hicieron con el dinero los ejemplares hijos no se sabe, lo que hizo el desahuciado padre sí, invertirlo en cirrosis.
Sin casa, sin familia, solo con su cartón de vino y durmiéndola al raso… Supongo que no era feliz.
Antes de ayer me enteré que había muerto, que se lo encontraron en posición fetal bajo un banco del parque, junto a tres o cuatro cajas de vino, que nada le arroparon.
Antes de ayer, también supe que otro indigente conocido por todos, fue hallado sin vida en la calle, sobre una transitada acera. Este último, en más de una ocasión se paró frente a mi e insistentemente me pidió limosna, mucho me temo, que por sus idas y venidas, tenía algún conflicto con las drogas.
Sin dudarlo, fue el frio el verdugo de estos dos desamparados. Con toda certeza, achaqué a la baja temperatura, que leí en el termómetro y por lo mismo me vino a la mente los óbitos de los que he tratado.
Será estos fríos el principio de una nueva glaciación, el ¡Cambio Climático! Del que tanto se ha hablado y hemos querido escuchar como un eco lejano.
¿Ahora qué? ¿Tienen tiempo de hacer algo, si es los que pueden hacer algo, tienen algo que hacer? Lo sé la pregunta añuga*, pero estrangula mucho más el no tener certeza de nada, que “Ellos”, los que todo lo saben no nos informen diáfanamente de la verdad. Solamente nos queda el imaginarlo o tener en cuenta, en mayor o menor medida, aquello que vemos y leemos en la prensa, libros y películas catastróficas.
Lo cierto es que los veranos son más templados y tardíos, los inviernos más gélidos y largos y la primavera y el otoño comienzan a no aparecer.
Todo esto, lo pienso en la comodidad de mi casa a 22 grados, saboreando un humeante café “despiertativo” y buscando en la “tableta” las noticias frescas del día.
Un epílogo a estos pensamientos.
Aquí se habla de dos muertos por el frío, ¿pero cuantos han sido en realidad?, en estas noches de “alegre” nieve, de niños, no tan niños y de esquiadores. ¿Cuántos, que aún teniendo techo, aunque hipotecado y a veces embargados, bajo el que guarecerse, no tienen electricidad, ni gas para calentarse? ¿Qué pensiones mínimas ó no contributivas, ayudas a parados de larga duración y ese largo etcétera, puede aguantar las facturas que produce la necesidad, y supongo el derecho –aunque en alguna constitución no se mencione– a calentarse, a no pasar frío en el invierno? ¿Por qué no se atienden estos casos del mismo modo que agricultores, ganaderos… cuando acontece cualquier desastre natural?
 Lo que sí pasará, es que las compañías de energía seguirán enriqueciéndose en la misma proporción que la de ahora. Este tipo de compañías han de tener ganancias por encima de las del ejercicio anterior, pues si es igual, son pérdidas. Esta operación, con la que se llega a la solución, en este caso de pérdidas, es extremadamente simple, pese a los altos cálculos financieros de los que hablan, solamente hay que restarle a los resultados previstos, el resultado real más las ganancias del pasado ejercicio, o como decía Manolo el del bar: a mi me han subido el barril de cerveza veinticinco céntimos, pues yo tengo que subir la caña veinticinco céntimos, pero como algo tengo que seguir ganando no tengo más remedio que poner la caña treinta céntimos más cara.
Son cosas que no todo el mundo puede entender. Dígame, conozco a mas de uno, que invirtieron un dineral en cambiar todos los puntos de luz de su vivienda a LED, nada de bombillas antiguas, halógenas, bajo consumo…  Sí, bajó el consumo, pero continuaron pagando, no solo lo mismo sino más. ¿Qué ignoto misterio tiene la electricidad? Si Tesla hubiera sobrevivido a Edison y General Electric Company, otra luz nos estaría alumbrando.
De seguir empeorando el clima, cuando la tierra deje de ser redonda y se asemeje a un solitario cubito de hielo, ¿habrá energía para todos?
Lo que se puede divagar mientras te tomas un café para despejar la mente. Mañana no miraré por la ventana, encenderé el televisor. 

·       Añugo, añuga, añugarse
Sensación dolorosa de tener un nudo en la garganta, causada por la
ingesta  de cierto tipo de alimentos, como por ejemplo el membrillo.  
Esta palabra no consta en el Diccionario de la RAE,
pero, sin embargo está en uso en la actualidad en España en las regiones
de Andalucía y Extremadura, así como en casi toda Sudamérica.
Recoge, con igual significado AÑUSGARSE, pero no añusgo.