jueves, 3 de octubre de 2013

MADRID CIUDAD MARTIR O LA MEJOR FOTO


            Madrid, ciudad mártir
Me gustaba ir a Madrid, con cualquier excusa y sin ella, incluso cuando eran cuestiones de trabajo, siempre me agradó pasar unos días en la villa y corte.
Desgraciadamente he de hablar en pasado, pues si regreso solamente será por un motivo muy justificado. Sintiéndolo mucho ya no lo haré por el placer de pasear sus calles, tomar el vermú del medio día, comer en “La Bola” su exquisito, completo y abundante cocido ni los bocadillos de calamares que sirven en varios bares junto a la Plaza Mayor.

Tengo por norma, sea en la ciudad que sea, no quedarme dos veces en el mismo hotel, por manía, por conocer y comparar, así como por aumentar mi colección de peines. Sí, de esos peines, que junto con otras atenciones, sueles encontrarte en el cuarto de baño. Cada vez menos.

Para esta última visita, me fue difícil encontrar uno en la zona que deseaba. No sé que evento podía haber, que no quedaban plazas o las que quedaban eran caras. En la agencia de viajes, me recomendaron uno, que casualmente también me fue recomendado por un amigo, al que un servidor jamás se le hubiera ocurrido ni preguntar por él, sólo por su nombre lo pasaría de largo. Por otra parte ese hotel que, como pude comprobar a través de Internet, habitualmente cobraba por una habitación doble unos 56 euros, en esta ocasión costaba 110 y sin desayuno.

El hotel en cuestión, más que las estrellas que luce en su placa, podía ser un hostal ó aún menos con mejor acierto, es bastante decadente al igual que la calle en la que se encuentra ubicado y de la que toma su nombre.
Por tratarse de la primera vez que me iba a hospedar, la única pregunta que me hizo el recepcionista fue sobre esa cuestión, me alojó en la peor habitación del establecimiento, no me atrevo a pensar que el resto de las que componen el antro, son iguales. Una estancia rácana, al igual que la cama, la decoración –sería mucho más exacto decir: carente de decoración–, de luz a causa de sus cinco bombillas de menos de cinco vatios; si tienes que buscar algo en la maleta, has de encender el mechero inevitablemente si  no posees una linterna.
Para mejorar el desolador panorama, la única ventana daba a un estrecho patio interior, que no tenía ni utilidad para ventilar ya que estaba cubierto por una claraboya, Por ello nunca sabías si era de día o de noche, si hacia frío o calor. A todo esto hay que añadir la halitosis de las cañerías que emanaban desde el estrecho y viejo cuarto de baño. Me pregunto si no se revisa la cuestión de las estrellas por algún organismo.

Pero no es por esta la razón de mi decisión, en Madrid hay infinidad de posibilidades para hospedarse decentemente. Tampoco obedece a que al salir por la mañana a la empinada calle donde se encuentra, la primera imagen que te da los buenos días, es la de una larga fila de personas que parecen esperar a que abran las taquillas del “Cine Ideal", lo cual te extraña dado lo temprano del día, pero inmediatamente reparas que a lo que esperan con cierta impaciencia es a otra apertura muy distinta,  la de la puerta del “Comedor Ave María” que forma esquina con la fachada del cine. Por lo que pude comprobar, dan desayunos, de lunes a sábados, a los indigentes . Los domingos no hay colas, pero ese Domingo en particular, un hombre tras llamar a la puerta del comedor y no obtener respuesta, comenzó a buscar en el interior de unas bolsas de basura y comerse con avidez lo poco comestible que halló. Acto seguido  consumió el contenido de lo que podía quedar en unas latas de cervezas, que abandonó  algún “asqueroso” sobre la acera.

Un poco más arriba, la calle termina en una plaza, de inmediato te das cuenta que a tu izquierda eres escrutado por los ojos de unas prostitutas, que apoyadas en la fachada de un teatro esperan la llegada de algún cliente madrugador. Hay gente para todo y a cualquier hora.
Veo una cafetería en la que se anuncia que tienen churros, hechos por “maestros churreros” desde hace muchísimos años. Decido desayunarme unas “porras”, que resultaron ser nada magistrales y los “maestros”, que no sé si llevan allí desde hace más de un siglo, resultaron ser peruanos o ecuatorianos, tampoco lo sé, tampoco les pregunté como tampoco me quejé del horrible sabor a aceite de los churros, seguramente con los mismos años que cuando se fundó la empresa. Mejor no inquirir, pues puede sonar peyorativa. Ya se sabe la exquisitez que hay que tener en el lenguaje con los humanos de fuera, sin que tenga que haber reciprocidad.
Ya, apenas quedan “castizos” de pura cepa, la gran mayoría es gente de fuera y de mucho más allá. La hostelería está copada por los sudamericanos, las tiendas de comestibles, ahora convertidas en “tiendas del olvido” o conveniencia en manos de los chinos, que ya no saben de “tiendas todo a cien” y han colgado un cartel invisible de “todo al doble de su valor”.
Madrid está perdiendo su identidad, si es que ya no la perdió. Espero que sea como sea aún esté a tiempo de recuperarla. Hoy por hoy es una ciudad sucia, llena de latas, vasos de plástico, botellas… Repleta de indigentes de todos los colores, credos y costumbres. Costumbres que no abandonan y pretenden imponer, para ellos ese adagio que dice:
Donde fueres has lo que vieras, es una gilipollez más de los infieles gilipollas de Aquí.
Vendedores callejeros que te asaltan, te coaccionan, te maldicen e incluso te escupen si no adquieres algo de lo que venden. Pedigüeños que te exigen el óbolo. Borrachos que te insultan. Vendedores de “mantas en el suelo” que exhiben productos falsos: camisetas de equipos de fútbol, compact, dvd, bolsos, que el único parecido con los originales es la chapa de la marca, puedes ver el mismo modelo con diferentes marcas y si lo pides, puedes elegir el modelo y ponerle la marca que tú quieras. Últimamente también se ofertan calzoncillos de marcas caras.

Era un Domingo, coma ya dije, el Domingo que tenía previsto dar un paseo por el “Arte”, así que tras los churros, aún con el sabor del aceite refrito, comencé a bajar la calle Atocha. En todo el trayecto hacia el “Reina Sofía”, me crucé con personas de infinidad de países, de diferente color de piel, forma de vestir, de adornarse. Hubo un momento en que creí estar en un festival de coros y danzas. Momento en el que estoy seguro que vi a un español.

El “Museo Reina Sofía” no me gusta lo que aloja, salvo pocas excepciones. ¿El Guernica? Tampoco. Pienso que necesita una buena y seria limpieza. El día menos pensado te puedes encontrar expuesto un cuadro de tu vecina Josefa, que es el único que intentó pintar en su vida, tras animarse a ello al acabar de encalar la fachada de su casa.
Visto que no había nada nuevo, me trasladé a la “Casa de Velázquez” en el “Retiro”, donde se exhibían los montajes de un señor brasileño, Cirlo Mairela, para los que se usaron, entre otras cosas, 20.000 huevos,  76.150 balas,  6.000 billetes de curso legal,  69.300 velas y 17,000 libros con fotografías del mar.
Interesante casi todo el montaje, que llevaría su tiempo a Cirlo.
Uno de los visitantes, aparentemente con muchas prisas por salir de la exposición y al que pude ver casualmente, era Eduardo Naranjo, celebre pintor de Monasterio (Badajoz)

El resto de la mañana lo gasté paseando por el Retiro.
En la noche regresé al hotel con mucha precaución, en Sol habían robado a unos japoneses, en la calle Carretas, fui testigo de como le arrebataban el bolso a una señora mayor, que terminó aparatosamente en el suelo  y en la parte de abajo de la calle Doctor Cortezo, a menos de 25 metros de donde me encontraba, varios coches de policía con sus luces destellando llamaron mi atención. Unos policías intentaban reducir a varios hombres, que por el acento de sus gritos podían ser rumanos. Al día siguiente leí una escueta nota, entre otras similares en un periódico,  que trataba la noticia como algo normal, cotidiano, sin más importancia,
Ocurre eso, son tantas veces que se comete el delito, que se hace costumbre y se olvida.
Ya no tienes que estar en El Rastro ni en la Plaza de España ni viajar en el metro, pues te pueden robar en cualquier lugar, en cualquier momento.
Tenemos que actualizar el dicho: “De Madrid al Cielo”, ó al Infierno, según hayas sido bueno o malo.
Es una pena, ver como se degrada una ciudad tan rica en monumentos, historia… Madrid se está convirtiendo con muchas prisas en un vertedero, de detritus y de personas no aptas para la convivencia, a parte de todo tipo de “manifestantes” de cualquier cosa en la Puerta del Sol. 10 manifestaciones diarias llegaron a producirse en los nueve primeros meses del pasado año.¿Cual será la población actual de la ciudad? Sin olvidar a los campistas, esos que por el morro se asientan en cualquier plaza, extranjeros incluso y a los políticos llegados de todos los pueblos de España, como hormigas entrando en el hormiguero en el que esperan las reinas. No creo que nadie lo sepa con seguridad

Madrid en su escudo, bajo el madroño y el oso, tenía que lucir un lema que diga:
“Ciudad Mártir”, que bien puede usarse también en su lápida.
Haga algo y pronto, doña Ana Botella, usted es de Madrid de toda la vida, mucho le va, no deje que le ocurra lo mismo que aquél otro, aunque de mote, Botella, de nombre Pepe.  
Espero y deseo que pueda rehacerse, salir de la mierda que la ahoga, que personas como el encargado de la cafetería del hotel Europa, el camarero de la cervecería de la plaza de Lavapies ó el dueño de “La Cueva del Gato”, así como ese chaval que da de comer a los pájaros y que me ha permitido tomar la fotografía más bonita que nunca hice, logren que en Madrid se vuelva a respirar el aíre fresco del Guadarrama.

Fotografías JAMéndez@
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