jueves, 9 de agosto de 2012



CUENTOS COTIDIANOS V
ESTA PLAYA ES UNA RUINA                                                                         01.08.2012

Estoy de vacaciones.
La verdad es que la frase me suena mal, si pienso en esta “pertinaz crisis” que estamos sufriendo, cada día un poco más y unos más que otros. Miedo me da, cada vez que Don Mariano comparece ante los medios de comunicación, para dar cuenta de una nueva “medida”.
En algún momento, hablaremos del Sofismo y los políticos. Por ahora sólo diremos que son expertos en aquello de: “donde dije digo, digo Diego”, de la manera más natural, manera que se adquiere con la práctica, con la costumbre.
He intentado escribir sobre cualquier otro tema, algo que alegre, pero terminé haciendo crucigramas. De momento no tengo el cerebro para otra cuestión, y la verdad, este tema me cansa. Vuelve a sonarme mal la frase. Es como si este problema no fuera también mío.
Debe ser algo parecido –espero que no–, a lo que les ocurre a esa camarilla de prepotentes, que han regido y rigen, con campos de gules o sin ellos. Llegan a ser tan estúpidos, que piensan que “el chollo” les va a durar eternamente. Están convencidísimos que las revoluciones no se llevan, que es una práctica del pasado, algo que ya es imposible que ocurra. La gente se moviliza cuando ya nada tiene que perder, y en estos tiempos están perdiendo mucho, demasiado creo yo.

Escucho el sonido del mar arañando la arena de esta playa, hoy un poco más limpia de algas, medusas y otros detritus, que en compensación nos regala en desigual proporción a los desperdicios tóxicos que depositamos en él. Igual, un buen día de calor y sorpresivamente nos haga llegar una plaga, de esas medusas como la Carabela Portuguesa y la Avispa Marina. De poco valdrá el amoniaco, ya sea comprado en cualquier droguería a menos de un par de euros el litro ó en farmacia a más de cinco euros los 14 ml. Tal como si fuera platino.
Todo lo que venden las farmacias es carísimo. ¿Por qué han de tener una carrera tan larga y costosa, los dueños de este tipo de tiendas? Pocas fórmulas magistrales se hacen hoy, sin contar las copias de perfumes de marca.

La brisa me hace llegar un aroma como el de sardinas con más de dos lunes. Me muevo, buscando una posición más cómoda, en la silla de playa, intentando tomar un poco más de Sol, que ya comienza a caer hacia su ocaso. Un ocaso que no podré ver, aquí el horizonte lo oculta el “skyline”, que conforman los bloques de apartamentos de cinco y seis plantas que ejercen de paisaje costero, aparte de su función principal de albergar a veraneantes. Aquellos que, en tiempos mejores, pudieron adquirirlos cuando se podía ahorrar.
Observo muchas de las ventanas y balcones, adornados por carteles de diversos colores, mayoritariamente negros y naranja, de esos que se suelen adquirir en los “chinos”, que anuncian lacónicamente SE VENDE y debajo un número de teléfono móvil. También cuelgan algunos más vistosos de inmobiliarias, pero apenas llaman la atención. Los de los “chinos” ganan.
Los chinos siempre ganan. Ganaron más que la Selección Española de Fútbol, con la venta de banderas de España, fabricadas en China lógicamente. Ganaran más con las cosas que nuestros hijos necesitarán para el colegio: libretas, bolígrafos, mochilas… Acuérdese del nuevo IVA.  “Eulopa es el Palaiso Télenal”. 

Posiblemente anunciaron sus ventas a través de las inmobiliarias sin ningún éxito, los propietarios perdieron la fe en estas empresas. Por otra parte, sin decirlo, informan que la operación será entre propietario y comprador, que de esta forma, ambos, se ahorrarán la comisión que cobran las agencias.
Recuerdo aquél tiempo en el que proliferaron, no había calle que no contara con una agencia inmobiliaria, hasta tres juntas. Fue cuando los bancos abrieron sus manos a todos los que quisieran hipotecarse. Tiempos fáciles, con pocas garantías y en muchos casos sin avalistas. ¿Se volvieron locos los bancos?
Sé que espera que la respuesta sea: Sí, pero es No. Posiblemente se asustaron mucho al enfrentarse a los impagos de las promotoras, tantas o más que agencias inmobiliarias, que habían edificado lo que ya no podía venderse. Promotoras con S.A. tras sus nombres, sin nada en propiedad, sólo edificios sin terminar. ¿Qué les embargaban?  ¿Para que podían querer aquellos ladrillos sin lucir? Les entró el pánico, pero algún iluminado dio la solución. Una solución que llevaría al País a la ruina, pero mientras esto ocurría, ellos continuarían en sus poltronas y comiendo la “sopa boba”.
La solución fue sencilla: primero terminar los pisos, segundo dar hipotecas a diestro y siniestro, tercero aplicar intereses de usura. La usura, que fue delito en esta Nación.
En caso de impagos, los menos pronosticaban, se embargaría la vivienda y continuarían debiendo el crédito que se les otorgó.
Tiempos de engaños, de engañar engañándose. Las entidades financieras creyendo que era la “solución”, haciendo creer a los hipotecados que con dos se podían pagar tres, estos, que hoy ganaban dos, pensaron que como todos los años la paga subía, mañana ganarían cinco. Crasa equivocación, los sueldos se congelaron y dos no pasó de dos y media. Así nació la “rehipoteca”. Una hipoteca para pagar otra, cosa curiosa. Y por último los gobernantes, que cerraron los ojos, que no sabían pronosticar el futuro, que engañaron a todos, menos a ellos mismos, así lo afirman sus bolsillos.
Esto no fue más que el principio de lo que ocurre hoy y de lo que acontecerá mañana.

El Sol, inexorablemente, continua su marcha hacia poniente. Ya no puedo vislumbrar los carteles de “se vende”, los edificios comienzan a ser siluetas, como la de un decorado lejano, perteneciente al último acto de una mala obra representada en un viejo teatro lleno de grietas, que pese a estar calificado como ruinoso, continua con sus representaciones.


Pliego la silla y dejo la playa, comienzo a notar el frío de la noche.