miércoles, 2 de mayo de 2012

LA CRISIS, COMO EXPLICARLA EN LOS BARES


CUENTOS COTIDIANOS II


LA CRÍSIS,
COMO EXPLICARLA FÁCILMENTE EN LOS BARES

            Curro observó, sobre una de las mesas, un periódico que bien podía ser de la cafetería. Se acercó a él, miro la fecha comprobando que era el de esa jornada y vio  el sello del establecimiento estampado junto al ángulo superior derecho. Lo cogió y fue a sentarse en una banqueta, junto a la barra.
Uno de los tres camareros que trabajaban en el establecimiento, se acercó y le preguntó que era lo que deseaba tomar. Curro miró su reloj, ya no era hora para café, así que solicitó un vermú rojo con un toque de ginebra, unas gotas de angostura y soda.
El camarero le informó que vermú y ginebra tenía, pero no ocurría lo mismo con la angostura y la soda, pero podía ponerle un poco de gaseosa. Lo cierto es que la angostura no tenía ni la más remota idea de que podía ser, sólo llevaba dos meses de camarero. A él, que su verdadera profesión era la de aparejador, aquello de angostura le sonaba a estrechez.
Curro, contestó negativamente a la propuesta de la gaseosa y pidió, que al vermú con ginebra, le añadiera una aceituna manzanilla, pinchada en un palillo. El camarero asintió e inmediatamente preguntó si deseaba hielo. La respuesta fue afirmativa y una nueva inquisición salió de la boca del camarero: ¿Cuántos cubitos? Dos cubitos, si no son muy grandes.
¡Bueno! Esto ya cansa. Ya sé que este es mi trabajo, el de narrar, pero hay situaciones que podía ahorrármelas y ahorrarle a usted su lectura. ¿Qué importancia tiene lo que beba y como se lo beba. No sabemos quienes son los personajes y sin embargo tenemos que estar enterados de sus gustos a la hora del aperitivo.
¡Bueno, está bien! Es el autor el que manda y los trabajos no están para dejarlos que sino…
Nos hemos perdido que el camarero le mostró los cubitos, que a Curro le parecieron de un tamaño correcto, que ¡por fin! le sirvió el vermú y que tras darle un pequeño sorbo miró la portada del periódico.
Su vista se inundó con la imagen, a casi toda página, de un señor con chaqueta y corbata, cara pensativa y cabeza despejada. Este sale últimamente mucho en las portadas. Reconoció inmediatamente al señor ministro de Economía y Hacienda, bajo un titular que anunciaba nuevas medidas para paliar la “Crisis”.
Enfrascado en la búsqueda de la página, en la que se desarrollaba la noticia, cuando oyó el saludo de alguien conocido. ¡Curro! Pero hombre mi buen amigo Curro.
¡Epifanio! ¿Tú por estos lares? Exclamó con notable sorpresa. Dobló el periódico, lo dejó a un lado y abrazó efusivamente al recién llegado.
Tras ponerse al día en cuestiones que les acaecieron, durante el tiempo que no habían tenido contacto, al parecer largo y por motivos de trabajo.            Epifanio se interesó por lo que Curro leía en el periódico y le rogó que siguiera leyendo, a lo que su amigo le contestó que no, que solamente se interesaba por las nuevas medidas que el Gobierno tomaría contra la crisis, que por cierto no lograba entender porque se había producido.
Eso es fácil de entender, yo te lo explico si tú quieres, mientras nos tomamos el vermú, se ofreció Epifanio, señalando el vaso que estaba frente a ellos.
¿Tú crees que con mi vermú, tendremos bastante para los dos? Inquirió Curro estúpidamente. A lo que de inmediato Epifanio respondió, con una sonrisa: No, yo me pediré otro. Se acomodó en una banqueta y comenzó su explicación:
Para que te sea más fácil de entender, te pondré un ejemplo. Supongamos que tú quieres montar una caseta en la Feria, pero no una caseta cualquiera, la tuya ha de ser una señora caseta. Con su buena barra, mesas, tablao, aire acondicionado… De todo, bueno, pero que bueno, lo mejor, pero… no tienes ni un céntimo para acometer el proyecto. ¿Qué haces?
Pues nada, no me lo hubiera ni imaginado, respondió Curro con nada lógica.
¡No! No, vienes a verme a mi que soy el banco. Me expones el proyecto, veo que se puede ganar con creces lo que he de dejarte y sin más historias, te dejo lo que necesitas con unos intereses que te mueres.
Tú, que eres listo, comienzas a publicitar la caseta. Que si será la mejor de la feria, que si tal, que si cual… En seguida te das cuenta que la publicidad ha calado, que la gente comenta y lanzas un órdago como la copa de un pino. Esto es una oferta. Que el que se haga socio, cuestión que es gratuita, lo que consuma durante la feria podrá abonarlo al término de esta. Patadas, bofetadas… Toda la ciudad quiere apuntarse.
Yo, el banco, me doy cuenta del negoción en ciernes, con lo que te doy otro crédito, para que montes una caseta con la capacidad de cuatro, ¡un monstruo de caseta!
La feria comienza, tu caseta a tope, gente haciendo cola. Gente de la ciudad, de las localidades cercanas… ¡Hasta inmigrantes!
Todos consumen sin freno, pinchitos, pescadito, potaje, jamón. De todo. Tú ante tanta demanda subes los precios una y otra vez, nadie protesta. Aumentas la oferta con buen   marisco, caviar y con dos… Con dos…
¡Y rabo de toro! Exclamó entusiasmado Curro, que parecía que lo estaba viendo.
Eso, rabo de toro, de todos los toros de las corridas de feria. Apostilló Epifanio.
El entusiasmo de Curro iba en aumento de manera preocupante, pues había comenzado a dar botes en la banqueta y a palmear como un niño, cuando le dicen que es lo que le van a traer los Reyes, Magos. Aunque estos traen tanto como los otros.
Epifanio, antes de continuar, apura el vermú y le pide al camarero, que no se pierde palabra, que ponga otros dos.
¿Para ti los dos?
Nooo, uno es para ti. Sigamos. A todo esto, yo vendo parte de la deuda a entidades financieras más pequeñas, mediante bonos y cosas de estas, que suben como la espuma.
Por cierto, te habrás dado cuenta que hasta el momento nadie ha visto ni un euro, tu caja al igual que la mía sólo tienen polvo. Los proveedores, por vender ya que tu caseta es la que mejor iba en la feria, quedaron en cobrarte a 30, 60 y 90 días.
Pues no, no me había percatado. Confesó Curro encogiendo los hombros.
Yo sí. Dijo el camarero
Pero como todo en este Mundo, la feria acaba. Todos queremos cobrar, yo, el banco el primero. Tú reclamas lo que te deben tus clientes, que se comprometieron a liquidar al fin de la feria, pero te encuentras que no tienen ni un patacón, pues el dinero se lo han gastado en otras casetas, en las que también consumieron aprovechando la bonanza y en la contratación de las vacaciones de verano. O sea, ni una modenita para ti ni para el banco ni para proveedores, que de inmediato van a la ruina, cierres, despidos, deudas…
Los bonos caen en picado, arrastrando a las inconscientes, porque entre otras cosas no vieron el riesgo de adquirir algo con tan pocas garantías. Situación, que más tarde les obligaría a fusionarse unas con otras, entre otras cosas, todas ellas nefastas.
Tú te quedas en calzoncillos y poco más, porque yo, que te pedí alguna garantía, te lo quito todo incluido lo que te adeudan, todo, menos la caseta y el terreno en que se asentó, pues pertenecen al ayuntamiento, esto es, no lo olvidemos, a la ciudad.
Intento cobrar a los juerguistas, pero sin éxito. Tengo que invertir en almacenes para guardar lo que les embargo: coches, bicicletas, monopatines, sonajeros…
Entro en una situación insostenible, no tengo efectivo,  grito que estoy al borde de la quiebra, de cerrar todas mis oficinas, de despedir a un número elevadísimo al “Paro”, que ya esta bastante abarrotado con los despedidos de los “proveedores”.

Alguien se “acojona” y como si de un superhéroe se tratase, aparece el Gobierno y me regala una cantidad de muchísimos ceros, para que continúe operando.
Esta suma no sale del bolsillo de los políticos que gobiernan. Se resta del erario público. Faltará para sanidad, educación, obras públicas… Para sueldos y pensiones… Bajan sueldos, quitan trienios, derechos adquiridos, aumentan los precios a causa de la subida de impuestos. Impuestos y carencias que tendrán que pagar los que jamás estuvieron en la caseta de feria.
Se hizo un silencio, que no era ni sepulcral ni se podía cortar, era un silencio normal, como el que ocurre cuando nadie habla, hasta que el camarero dijo, sin romper nada: Espero señor, dirigiéndose a Curro, que no monte otra caseta y que se acuerde, que aquí se paga. “Aceituna comida, hueso fuera”.
Me has dejado atónito, ¿pero quién le ha dado permiso a esos políticos, para regalar el dinero del País?
Tú con tu voto.
¿Les hemos regalado una patente de corso? Este año no iré a la feria.
Mucho me temo, amigo Curro, que no podrías ir ni queriéndolo.
Y ahora te dejo, he de hacer.
¿No pagas los vermú?
Pensé que me invitarías.
Yo estoy arruinado, a ti al menos te ayudó el Gobierno.
                                                                                                  
Juan Antonio Méndez del Soto