miércoles, 20 de febrero de 2013

2ª parte de "DELOS TIEMPOS EN LA REGENTA A LOS DEL VICTORIA

Aquí tenéis la segunda parte de "De los tiempos en La Regenta a los del Victoria". Es todo el material que tengo sobre el tema. Poseía mucho más, pero por mi vida de "viajero" he ido dejando cosas en todos los lugares que habité. ¡Sí! Como ocurre con los caracoles y su baba, dejando un rastro fácil de seguir. Aun cuando ese rastro mio, se parezca al curso del río Guadiana, ese que tras su nacimiento desaparece, para luego reaparecer unos kilómetros mas allá.
En esta ocasión he tenido que buscar, como en el caso de Casimiro Bleda por Internet, pues no quería que faltara entre estas imagines. Casimiro, que creo que nunca se enteró porque dije que nació en "Tabarra" y no Torraba, ¡Por los tambores, Casimiro! Por la tabarra que dan los tambores de Tobarra. ¿Ahora si?
Bueno, puedes mirarte entre una década y otra, pero no compares, ya lo has oído decir: "son odiosas", si bien algunos ganamos con el tiempo. ¡Qué le vamos ha hacer!
De cualquier modo, no doy por terminada esta recopilación, así que si conservas alguna imagen más que aquí no aparezcan, como aquellas de la "Gran Gira"puedes hacérmelas llegar.
Por último, si lo deseas puedes disponer de las dos partes de este trabajo en calidad HD. Me lo pides y yo te lo mando.

sábado, 9 de febrero de 2013

EL MISTERIO DE LA "H" PERDIDA Y ARTICULO DE CARNAVAL


El Misterio de la H perdida.

En estos días, en lo que todo es tecnología, no podemos hablar de “ratas” ni “erratas” de imprenta, más cuando hasta tienes un corrector en el procesador de textos por muy cutre que sea, ó a la postre siembre hubo un corrector humano, antes de mandar a imprimir, no obstante ocurre que la puñetera errata se escapa.
Pero si esto es extraño y desconcertante, observe el siguiente ejemplo en que la errata surge tras la corrección.
Adjunto mi artículo para la revista de carnaval de este año y su edición. ¿Dónde fue a parar la “H”? ¿Tal vez a otra “A” que no la necesitaba? Descubre el misterio.








ANOTACIONES PARA UN PROYECTO DE “AUTO MAGNO” PARA EL CARNAVAL DE BADAJOZ.
Bastante esperpéntico y no menos estrambótico.
Según unos A4 encontrados y perdidos en un puente por un autor desconocido

Por Juan Antonio Méndez del Soto
Que fue quien encontró los papeles

A mi buen amigo  Biguel Burillo

–¡Bien! ¿Todo y todos listos?
Motor… Cámara…
¡Acción!
(Claqueta)
–¡Toma uno! ¡Escena primera!
Interior día.
¡Clak!

–Don Biguel Burillo, supongo.
Una melodía de intriga extraterrestre lo inunda todo. La mosca, tamaño humano con unos centímetros más, mira hacia todos los lados, intentando vanamente, localizar la procedencia de la extraña música, que ha logrado ponerle el pelo de punta.
–¿Ha oído eso, don Biguel?

–He oído ¿el qué?

–La extraña búsica, que acaba de sonar.

–¿Búsica? ¿Qué diantre es eso de búsica? ¡No me responda!

–¿Lo hago después de la publicidad?

–¡No! Lo que deseo, es que antes de adentrarnos en los terrenos pantanosos de lo exotérico, etéreo, místico, irreal, me responda a una pregunta: ¿Por qué supone con tanta seguridad, que soy el que usted cree?

–Con bucho gusto.
Es evidente que puede ser, con toda seguridad usted, la persona que yo supongo. La razón es simple, todo el bundo se sienta, tras la besa de su despacho, en un buen sillón giratorio y usted, se encuentra arrodillado en un reclinatorio.

–¿Reclinatorio? –Burillo mira el reclinatorio, lo palpa, acaricia y lo besa, –Mi reclinatorio bonito, mi reclina. Creí que me lo habían robado, anoche cuando dormía… –repentinamente deja de acariciar el reclinatorio y mirando de reojo a un lado y a otro con desconfianza, continua hablando. –Existe un gran número de personas siniestras, que quieren despojarme de todo lo que me pertenece, incluidas mis creaciones. El peor de todos, anduvo por aquí esta mañana, que lo sé, mientras fui a hacer pipí… y a esconderme de paso, la verdad sea dicha. No voy a negar que le temo. Jofaina el Tetricus, ¿lo conoce usted?
Nuevamente suena la música de intriga alienígena. La mosca, con su dedo índice apuntando al techo, mira a Biguel Burillo y mueve levemente la cabeza hacia arriba de forma interrogativa.
–¡Cierto! –exclama el señor Burillo. –Con esa pose, parece un San Pancracio. Sólo le falta el perejil y una moneda de “dos reales” en el dedito, señora mosca, común ¿no?

–No, no soy común, soy “cojonera”.

–¿Cómo ha dicho?

–Que soy Cojonera, Bosca, Bosca Cojonera.
–¡Ah! Muy propio, muy propio. Pero… Dígame, ¿sólo por el reclinatorio, me ha conocido?

–También por el ambientador que usa. Perfume de mimosas. ¿Be equivoco?

–Muy perspicaz, señora mosca cojonera.

–¡Boscón! Sino le importa.

–Perdóneme usted, desconocía completamente que en su especie se diera el lesbianismo. O mosquiosismo, ó como ustedes lo llamen.

–No tiene nada que ver con lo que supone –contestó airadamente la mosca. –Sólo es cuestión de Género y no de Sexo.

–¡Bueno!… Sea como dice, don Maricón Conejero. ¡Perdón, perdón! Moscón, es lo que he querido decir, Moscón Cojonero.
Moscón, sí Moscón, sí, sí. Siempre he creído que sólo había moscas.
Pero a todo esto, ¿qué le trae por aquí? Mi querido Moscón.

–Esa es una muy buena pregunta y be alegro que be la haga. Aunque ha tardado bucho y casi se be ha olvidado la respuesta.

–Relájese y póngase cómodo. Puede posarse en cualquiera de los dos sillas que tiene a su lado. Incluso si lo desea, puede brincar de una a otra. –El moscón toma asiento, tras picotear unas migas de patatas fritas, que había en el asiento. –¿Moscón Cojonero es nombre propio o genérico? ¿Poseen las moscas nombres propios?

–¡Pues claro! Cobo todos los bichos del Bundo.

–Y… ¿Cuál es el suyo? Si tiene a bien decírmelo.

–Incitatus.

–¡Hombre! Como el caballo de Caligula. No es un nombre muy común y hasta suena bien: In ci ta tus.

–Ese es el que be apetece usar hoy, pero tengo otros.

–¿Bipolaridad?

–Ni bucho benos. Cuatripolar y bi siquiatra tebe que también esté poseído por algún tipo de debonio. Todos los días que tengo consulta, be saca algo nuevo.

–La pasta, es la pasta. Ley de Vida, cobrar y así poder comprar… Pagar… ya se vera.
Pues usted me contará, don Incitatus, que es lo que quiere de mi humilde persona.

–Usted verá… –Biguel se santigua y junta las palmas de las manos, como si fuera a comenzar una oración. –¿Se encuentra bien? –Burillo le hace señas con la mano para que continúe con su exposición. –He venido hasta usted a solicitarle que escriba un auto para el Carnaval. Auto, que no libitará de ningún bodo su creatividad, ya que aunque se trate de una obra de un solo acto, el acto lo puede hacer lo largo que quiera. La duración, como los entresijos es cosa de usted.

–No sé Señor, si Tú me das la clarividencia, –dice, Burillo con profundidad y los ojos mirando al techo de la habitación  –pero lo sabía. Sabía que no venía a traerme ningún regalo. ¡A pedir!, como todos. Ahora un auto y seguro que antes de irse, unas entradas para el próximo espectáculo del “Lope”. Lo estoy viendo.

–¿Es consciente que esta hablando en alto y be estoy enterando de sus pensabientos bás profundos?

–Discúlpeme. Creí que estaba hablándome a mi mismo. Interiormente…

–Eso le ocurre a causa de la Soledad. La Soledad del Autor quiero decir. Un autor para acobeter una Obra ha de estar completabente solo, de tal banera que, cobo de un vicio se tratase, suele abstraerse en los bobentos bás inesperados y creerse que está solo con el bisbo, aún en un banquete de bodas y expresar inconsciente y audiblebente por todos, lo “loro” que le parece la novia.
 No se preocupe lo entiendo. Adebás es cierto que le pensaba solicitar al término de nuestra charla, unas entradas para el próximo espectáculo de Nardoa Jugar, “Acompáñabe a Cantar”. Espectáculo, según he oído, creó para las personas budas y es la parte central de una trilogía, que terbinará con una función, en la que se hará acompañar del Teatro Negro de Praga, bajo el título de “Sombras Chinescas para invidentes”.

–Muy puesto en la prograbación de este centenario teatro, el bás importante de la Autonobia y el bejor dirigido, desde que bi benda es el “Basca” –hace una pausa, con la sorpresa dibujada en su rostro. –¿Se esta dando cuenta, señor boscón. Estoy hablando el idioba de los boscones, soy un bostruo. Lo he aprendido en los dos binutos que llevabos hablando.

– ¿De que idioba be esta hablando?

–Del suyo. ¿No escucha cobo cambio la eme por la be?

–Que idioba, ni puñetas. Hablo de esta forba a causa de constipado que he cogido esperando, en uno de los bancos de San Francisco, a que usted llegara. Que de puntualidad poca. Y no es una costumbre nueva, que ya tiene un enclave, enclave de enclavar, y con muchos años.

–Me hablaba usted, señor Caligula Cojonero…

–Caligula no, Incitatus.

–Me hablaba usted, insisto, de un auto carnavalero. Que yo escribiera un auto para el Carnaval de Badajoz, con duración sin determinar, y… ¿Qué personajes pongo, a los típicos? Polichinela, Arlequín, Médico de la Peste, Mattacino…

–¡No! No y no. Los personajes serán autóctonos…

–¿De Aquí? Este Carnaval es demasiado joven para tener personajes propios, habrá que inventárselos… Al menos que me esté hablando de gente que poco tiene que ver con el Carnaval. como del Fulli, El Medio Metro, La Broncaza, El Marbella o más actuales: El Brillantina…

–¡Que no!

–Pues usted me dirá, señor Conejero. ¡Cojonero! ¿Los Hermanos Calatrava, El Desván del Duende…? Todos los pregoneros…

–Si lo desea, a esos también, junto a El Lati, El Pobla, El Guille, El Placi de Santa Marina, La Tony, San Pancracio, El Dobingo, El Chupi, El Felipe el del bar, El Cerillo, El Celdrán, Butanito… y cobo no, aquél que lo cobenzó todo, el que todo lo cobienza, el que estaba antes de “El Reclinatorio”…

–¡Noooooo! –Gritó Burillo, mientas se apretaba el pecho con sus manos – El Innombrable ¡Noooo!

–Bueno, bueno. No se ponga así, que parece usted el endeboniado.
Dejarebos ese detalle para bás adelante. –Burillo, se santigua repetidas veces.

–¿Por qué no aprovecha y se reza un Credo? Eso, dicen, que calba bucho. Si no piensas en lo lago que es.

–Yo me encomiendo a San Oliverio Bendito, por aquello de: “A quien buen árbol se arrima…”

–También hay días que no sirven para nada, no siempre hace sol.

–Volviendo a lo que le ha traído a este humilde confesionario. Veo, que ciertamente, tenemos personajes suficientes, para una gran superproducción. Lo que no veo es el argumento…

–Simple, bi querido drabaturgo. Será un canto a la “libertat”. ¡Perdón! he querido decir: libertad. Todo comenzará en aquél quiosco de los Bartínez de San Francisco, aquél año de 1981, en el que estuvibos a punto de retroceder a los “tiempos grises”. Año en el que se recuperó el Carnaval, sin bucho éxito dado a que bucha gente se fue a Portugal.
La verdad, aún no comprendo a que vino aquel urgente deseo de ir al país vecino.
Todo esto comenzará a aparecer tras una presentación cobo es lógico, que como también es lógico estará a cargo de Ebilio González, que con su órgano* amenizará sus palabras.

–Acongojante. –dijo sin fuerzas en la voz Biguel, mientras se deslizaba tras el reclinatorio.

–¡Exactamente! ¡Acojonante! Veo que lo está captando divinabente.
Parte del texto podíabos hacerlo en verso. Tarea que le puedo encargar a Bartolobe Collado. Cobo consultor histórico contrataré a Pedro Bontero Bontero, cuestiones búsicales, caretas y abanicos a PPVela y Dado Guareño, decorados exteriores Álvaro Beléndez “El Fachadas”.
La cuestión de las “perras” ya se la encargué a Juanba Garboso, que hablará con Canal Ozú TV para venderle la exclusiva de la retransbisión en directo, ya que con la televisión de Aquí es imposible. Su presidente, el señor Sosa, sosa no de falta de sal sino bás bien de sosa cáustica, dice que esto de los autos y los carnavales no son cosas de interés social, y que con esto de la “Pertinaz Crisis” no hay ni para darle un café a los colaboradores de las tertulias. Comprendo la razón por la que Gordillo, en ciertas ocasiones, tiene cara de sueño. 
Del bisbo bodo, se negociara con Tele Brinco, para lo cual y aunque nada tengan que ver con esta historia, meteremos un número con las “Baba Chicho”, acompañadas de buchos travestís.

–¡Dios mío! Cómo va a salir bien una cosa semejante, si estas líneas carecen de Dramaturgia.
Y un Auto… ¡Es algo muy serio!

–A esto y al Auto, la Dramaturgia se la pondrá un servidor, como ya hice con otros.
Este “Auto Magno”, que así será denominado con justicia, y será la marca que los dramaturgos de todo el Orbe querrán alcanzar, tendrá toda la Dramaturgia que haga falta. ¡Más! que toda la Obra de Shakespeare, si así fuere necesario.

Don Biguel Burillo, con el mentón apoyado en el reposa brazos del reclinatorio, pregunta tímidamente, mientras levanta el dedo índice:
–¿Le doy ya las entradas para lo de Nardoa Jugar? Puedo proporcionarle para toda la familia y para algunos amigos…

–En el escenario irán plasmándose los grandes hitos del Carnaval y sus lugares:
Los Chinatos, San Paco, el Paseo Fluvial, la Avenida de Santa Marina, San Roque…
Aquellos gángsteres, Ad Libitum, Manolo no te vayas, ¡Badajó, Badajó, Badajó!, El Marimanta de Pili, las sardinas…
¡El pueblo en la calle!

–Por los desahucios.

–¡Que leches! ¡El pueblo toma las calles! Capitaneado por aquél que lo comenzó todo, por el que todo lo comienza…

–¡Nooooooooggggg!

–De acuerdo, lo dejaré para el final.
Hierve el Pueblo, en la apoteosis final. La escena se abarrota de miles, ¡cientos de miles! de personas disfrazadas. Cantan, como si de un orfeón donostiarra se tratara. ¡Mejor aún! Como una exquisita coral, una versión sinfónica del “Badajó, Badajó, Badajó”.
Al mismo tiempo, por la parte de arriba del escenario, casi pegados al techo aparecerán, unos doscientos, más o menos, alienígenas disfrazados de Drácula, momia, pirata, etcétera, que volarán desde el fondo de la escena al otro lado de la sala.
Esto es una alegoría a los carnavales futuros y su difusión en toda la galaxia.
¡Hasta el infinito y más allá de la FITUR!

–Se le ha pasado el constipado. Será a causa del ardor que ha puesto en sus palabras.
¿Le proporciono ya las entradas?

–¡Démelas! –Burillo busca en el cajón de la mesa y extrae varios fajos de localidades. –Y ahora: dígame, que la ha parecido la idea. –Biguel, extiende las entradas hacia el Moscón Cojonero y amaga un intento de contestar a la pregunta pero… –¡No conteste aún! Antes ha de saber el genio que ha tenido esta genial idea.

–No, por favor. Tome las entradas y lárguese, le escribiré el Auto ó un camión ó ¡un barco! Lo que usted quiera, pero no me diga quién es el “genial genio”, porque mucho me temo que es “El Innombrable”.

–¡Sí! Para ti alma de cántaro es “El Innombrable”, pero para la Humanidad es… –suena una música tipo “tatachín”,  Biguel Burillo tira los tacos de localidades y desaparece tras la mesa –¡Jofaina el Tetricus! Que soy yo –Suena una fanfarria para un final y el moscón cojonero se despoja de la cabeza y bajo ella aparece la de Villafaina “El Hawaiano”.

–¡Corten! Esto no lo quiere ni Tele Brinco, ni siquiera para el programa “Ahógame”
        
Nota del que se encontró estas páginas perdidas, tal vez abandonadas, por un autor que abomino de ellas en el puente de Urdangarin (Si no hay separación de bienes, lo que es de la mujer también lo es del marido y… ¿viceversa?)

Ciertamente ni Tele Brinco ni ningún organismo de la Región, se interesó por esta cuestión. Fue comprada por la Lleneralitat de Catalunlla, que la tradujo al Catalán, cambiar nombres y localizaciones, se representa todos los años en El Liceu de Barselona, como una Obre Maestre de la Llingüa de Terenci Moix.

El asterisco *, también es cosa mía. El desconocido autor se equivoca al decir que, Ebilio González ameniza sus palabras con su órgano, ya que este señor con lo que se ameniza es con su acordeón.

¿Estará claro que lo que va en cursiva es porque lo que es M esta B? Ejemplo: Bundo por Mundo.

Y para terminar, no puedo decir aquello de: “Todo parecido con la realidad…”, pues no sé si esto es invento del desconocido autor, o es… Lo mismo da, siempre se puede decir aquello de: “El que se pica…”
Fenestín tampoco lo recojerá en su bibliografía.

DE LOS TIEMPOS DE LA REGENTA A LOS DEL VICTORIA


En este vídeo, primera entrega de tres, se ofrecen imágenes de aquellos recitales en "La Regenta". Protagonistas, público, incondicionales, amigos desfilan ante nuestros ojos para avivarnos el recuerdo.
15 minutos de amistad, en los que seguro tú te encuentras.

Y una cuestión más, si tienes alguna fotografía de aquella gira para la UPEX, "La Regenta", "Badajoz mira al Guadiana", primer recital en el Museo "Luis de Morales", ferias del Libro, "Victoria ó cualquier otro lugar relacionado con este tema y quiera que salga en próximas entregas, me lo puedes mandar.

domingo, 3 de febrero de 2013

ESTE PAÍS CADA VEZ SE PARECE MÁS A UNA CHARCUTERÍA







¿Recuerda? Ayer, cuando se podía pagar con alegría y cierta manga ancha cualquier producto de alimentación. Estos tenían un vida corta, según la fecha de caducidad que se mostraba en sus envases. ¡Que no se le ocurriera a nadie consumirlos, más allá de aquél límite! Y si lo hacías podía ocurrirte de casi todo, malo por supuesto y bajo tu responsabilidad. Así que para evitarlo, todo lo que guardabas en el refrigerador con más de dos horas de la fecha de seguridad, iba directo y sin más contemplaciones que una última mirada a la fecha de caducidad, al cubo de la basura. Más tarde comprarías otro.

Conozco a personas, que esto de la “fecha de caducidad” es como un mandato divino: “No comerás nada que esté caducado”. Hasta el jamón, el queso… Cosas que antes duraban ¡años!, toda la vida como aquél que dice, llevaban una fecha de caducidad increíblemente cercana, lo que nos obligaba a preguntarnos: ¿Cómo nuestros padres, pudieron vivir tantos años, consumiendo alimentos con más de tres meses desde su elaboración? Productos como la cecina, bacalao en sal, arenques…
Hoy la cosa no va igual, por la razón que ya es habitual y recurrente: “La Crisis”, ya se sabe… No hay tanta alegría, al igual que dinero y esto implica que donde más caducan los productos, es en las estanterías de los supermercados.
Solución, para evitar tanto quebranto a fabricantes y vendedores, se decreta que las alimentos caduquen con mucho más tiempo: Tú yogurt, caducarás treinta días después. Han dejado de existir las gastroenteritis y la Legionela.

De esta guisa, lo que no se vende en dos días, se puede vender en seis meses. ¡Hay que joderse! ¿Cuándo hemos sido víctimas del engaño, antes ó ahora? Siempre, diría yo.
¿Hablamos un rato de las hamburguesas y todo lo que viene manipulado por los grandes mataderos? No sé a la hora que está leyendo estas líneas, pero sea la que sea puede causarnos una marejada en el estómago.
Nos han tomado por gilipollas, quizás lo seamos. Para ellos no somos más que consumidores, votantes de cuatro en cuatro años, soldados, vigilantes, guardianes de lo que es de “Ellos”.
Pero esta es una vieja historia, sobre la que ya se ha vertido mucha literatura. Literatura marginal, de esa que se expone en un aparte bien definido y lejos de los temas sociales, junto a otras rarezas que hablan de OVNIS, telepatía, esoterismo y sociedades secretas raras. Cosas en las que ya nadie cree, y si cree se siente un bicho raro.
¿Conspiración? ¿Juegos de ricos con poder?
No lo sé y no sé si me apetece saberlo. Quizás esto que me ocurre a mí, le pase a todo el mundo, nadie quiere complicarse más la vida de lo que ya se la están complicando.
Están desmontando la Clase Media y parte de los que la componen, quieren salir a toda costa de ella. Desean con ansia estar lo más cerca posible del estatus de “Ellos”. Puede ser esta la razón por la que cada día salgan nuevos “chorizos”, logrando que esta Nación se parezca cada día más a una gran charcutería.
Este siempre ha sido y, parece ser que siempre lo será, un país de guitarra y pandereta.
Igual nos da ocho que ochenta, tal como solía decir mi bisabuela, como que a una cantidad considerable de granujas de tomo y lomo, con delitos de estafa, apropiación indebida, robo, desfalcos… , sin dejar de tener en cuenta a los que difaman y denuncian en falso, los indulten, como que una chica tenga que entrar dos años y pico en prisión,  porque robó, a través de una tarjeta de crédito que se encontró, ciento y pico de euros con el fin de darle de comer a sus hijos.

Y no estoy diciendo que esta chica no deba ir a la cárcel, si cometió un delito y esa pena es la que recoge la Ley, ha de ser cumplida. Lo que estoy diciendo es que si esta muchacha tiene que perder su libertad, los otros con mucha más razón, se apelliden Urdangarin, Borbón, Bárcenas, Blanco o  Puyol. No sólo por los delitos cometidos, sino por el quebranto que se le inflinge a la Nación a la vista de los países extranjeros, así como por el pésimo ejemplo que dan a sus conciudadanos . Razones estas que la Justicia tendría que tener en cuenta como agravantes.
No es bueno que la gente se plantee la mala actuación de la Justicia, en el caso de esa joven madre, que usó indebidamente la tarjeta de crédito, por comparación con delitos en los que se manejan cantidades muy superiores a ciento cincuenta euros. Delito es uno y delito es el otros, las penas…
Por preguntar algo: ¿Alguien se ha pensado en el daño que causó la extracción de su cuenta de los ciento cincuenta euros, al dueño de la tarjeta? A lo mejor, quiero decir a lo peor, era el dinero que tenía para comer él y su familia ese mes.
Cada delito con su pena, se trate de quien se trate, por muy cubierta que tenga la cabeza.
Y hasta que esto no sea así, nuestro pobre País no será mucho más que Sierra Morena antiguamente, en la que sólo habitaban los célebres bandoleros.
Lo escribo una vez más: Nadie ha hecho más por desprestigiar a los políticos que ellos mismos.
Está claro, estos sistemas de Reino sucesorio y Democracia cuatrienal, no funcionan, demasiados pastores a comer el caldero de migas. Tendremos que plantearnos nuevas fórmulas, como una Democracia diaria en la que verdaderamente sea el Pueblo quien ordena, tal como decía aquella canción de José Afonso:    











  

lunes, 31 de diciembre de 2012

MIS MEJORES DESEOS 2013 CON HUMOR

La narración que, si lo deseas, puedes leer a continuación, la escribí hace ya diez años. Se trata de una historia que jamás ocurrió, aunque se cuenta como leyenda urbana, adaptándola como mejor convenga, ó como chiste, incluso ha sido objeto de plagio.

Quiero que en estos días de principio del 2013, en que las noticias que se nos dan, no son nada halagüeñas, que si van a subir los carburantes, la luz, las tasas de los aeropuertos, el IVA en la compra de viviendas, los productos básicos… poner algo de humor en estas páginas.
Espero que consiga, al menos,  que esboces una sonrisa. Si es así, no olvides decírmelo.



LÁZARO, EL LORO

DDII - DDXIII

Dedicatorias:
A Miguel Luna, Tony Cansino, Alberto González Rodríguez, Mª Mercedes Rguez Méndez, Lorenzo Antonio Méndez, Jean Pierre Dudom, Rio Kita, Tomás Martín Tamayo, Cosme López García, Charo Seller y a usted.
          






            El cielo de Aquí es altísimo, de un color azul imposible de observar en otros lugares. Un cielo testigo excepcional de todos los pasajes transcendentales, no sólo para la Historia de la ciudad, sino para la de la nación e incluso para todo el continente. El que le voy a narrar en estas líneas careció absolutamente de importancia, hasta en el vivir cotidiano de los vecinos más cercanos al lugar de los extraños hechos.
Claudio y Milagros, formaban una pareja que siempre está completa, nunca iban por separado, eran matrimonio y compañeros de trabajo. Muchos en la ciudad los conocían por ser propietarios de un pub, especializado en champaña. Aparte de la calidad de los productos que servían, la amabilidad, los precios y todas esas cuestiones que el cliente sabe valorar, había que añadir una habilidad, que Milagros tenía, esta era la de abrir las botellas de champaña a golpe de espada, una espada como la del Cid “Campeador”, de esas que venden en Toledo.

A mí aquella vistosa práctica me llenaba de temor, pues nunca podías calcular, dónde terminaría estrellándose el corcho imbuido en el trozo de cristal, que el certero golpe desprendía limpiamente.
Dejemos a un lado las habilidades de la pareja y centrémonos en lo ocurrido en aquél día extraño, en el que disfrutaban de su jornada de descanso, en la que aconteció “aquello” que marcaría sus vidas indeleblemente.
El matrimonio se encontraba en su chalet, su segunda vivienda terminada de construir no hacía más de un año. Era un día bochornoso de principios de junio, el cielo estaba moteado por pequeños y dispersos cúmulos blancos. El silencio cubría agradablemente toda la urbanización, mientras poco a poco regresaba a ella la vida tras la siesta.
Claudio, como solía acostumbrar cuando disponía de un poco de tiempo, cultivaba su pequeño huerto. Su esposa recogía sin prisas la colada, mientras canturreaba una vieja canción. En el porche, Simba, un spaniel bretón, dormitaba despreocupadamente.
De repente, unos gritos de mujer aterrorizada hicieron jirones la tranquilidad de la tarde:
–¡Dios mío! ¡Esto no puede ser otra cosa que un castigo! ¿Pero que he hecho yo? ¡Esto es Magia Negra, Brujería, Vudú –era la voz de Eloisa, la propietaria del chalet colindante –¡Me muero! De esta me muero. ¡Me va a dar algo! ¡Me está dando! ¡Me voy a volver loca! ¡Mi corazón!
Claudio, con su faz del mismo color que las encaladas paredes de su casa y sus cabellos canos tan de puntas como las púas de un puerco espín, miró con los ojos extremadamente abiertos a su esposa, que inmóvil, le daba la espalda y estiraba su cuello, intentando vanamente ver algo tras el muro de algo más de dos metros, que los separaba de la propiedad vecina.
–¿Quién me quiere tan mal? ¿Por qué Señor, me tiene que ocurrir esto? ¡Dios mío, Dios mío! Yo no le hago mal a nadie. –Eloisa continuaba gritando desaforadamente, permitiendo que su voz, que comenzaba a quebrarse, dejara adivinar las lágrimas. –Me han maldecido.¡Vudú, Santería! ¿Por qué, por qué?
Simba, despertó confuso. Su dueño con un rictus de odio mortal en su faz, lo miró con los ojos sanguinolentos que parecían querer salir de sus órbitas. El perro se asusto tanto, que la visión que tuvo no fue la de su dueño, fue la de dos enormes y peligrosos ojos, que de un momento a otro iban a saltar sobre él, por lo que barruntando algo nada bueno, bajo las orejas, introdujo el rabo entre las patas y como el que nunca estuvo allí, desapareció en el interior de la casa, buscando protección bajo alguna cama.
Un desapacible viento frío sopló del Norte. Claudio se estremeció y la herida que se produjo aquella mañana, comenzó a dolerle. Los gritos de la oronda vecina alcanzaban proporciones bíblicas, como para poder derribar las murallas de Jericó, hasta que por fin la afonía pudo estrangular sus cuerdas bucales.
Claudio notó una violenta marejada en su cerebro, que le hizo recordar los infernales hechos acaecidos a media mañana, de aquél terrible día de descanso:
Se dedicaba, en aquellos instantes, a lucir con un poco de cemento, la pared de una construcción circular, una especie de chozo en plan moderno, que una vez terminado albergaría una bodega – discoteca, donde agasajar a sus amigos, cuando vio acercarse al spaniel con algo entre sus fauces. ¿Qué guarrería habría cogido? Parecía que el objeto era un pájaro. Según se acercaba el animal moviendo la cola, lo vio con más claridad, ¡un pájaro!, como una paloma de grande y con las plumas de colores, un bicho exótico. No había duda, era un cazador, era de buena raza.
El perro se detuvo a corta distancia, dejó el ave en el suelo y la olisqueó, Claudio lo llamó:
–¡Simba, Simba! Ven bonito, ven.
Simba movió su cola, tomó nuevamente su trofeo con su boca y obedientemente se acercó a su dueño.
–¡Leches! Es un loro. –exclamó al ver con toda claridad al pájaro.
Efectivamente, se trataba de un loro muerto y muy sucio, el perro seguro que lo revolcó, por algún lugar fangoso.
Claudio, llamó a Milagros para que viera lo que había traído Simba. La mujer, al ver al loro muerto, abrió la boca de la estupefacción que le causó la escena. Inmediatamente se colocó la mano ante los labios, intentando evitar que un chillo saliera entre ellos.
Aún con la mano en sus labios, miró espantada a su marido, que le devolvió una mueca de interrogación. Milagros señaló, con leves movimientos de su cabeza, el muro que separaba su parcela de la vecina.
Claudio cambió su expresión de pregunta por otra entre la incredulidad y el espanto. Conmoción total, aquel loro podía ser de… Quizás no, loros hay muchos, pero aquél era…, sin lugar a dudas Lázaro, el lorito de Eloisa, ¡la vecina! El endemoniado perro se lo había cargado alevosamente, aprovechando que la dueña no estaba en su casa.
–¡Maldita bestia! Trae para acá ese loro –ordenó Claudio al can.
–Dios mío, Claudio. Con lo que quería Eloisa a Lázaro, lo era todo para ella, –comentó Milagros con verdadera preocupación –Era su única compañía, y así era sin lugar a dudas. Cómo se va a poner la pobre cuando se entere.
–Eso es lo de menos, el enfado esta garantizado. ¿Pero sabes cuanto puede valer un pajarraco nuevo de esta clase?
–Como eres Claudio. Sólo piensas en el dinero, si tenemos que comprarle otro, no habrá más remedio. Aunque nunca será lo mismo, su Lazarito es irremplazable…
–Tú no pienses en el asunto, déjamelo a mí, sé como arreglarlo.
Claudio estiró su brazo, con la intención de quitarle el loro a Simba y cundo creyó que lo iba a conseguir con toda facilidad, el endiablado perro dio un bote hacia atrás, sin soltar su presa. Claudio, totalmente encorvado y al tener que estirarse un poco más, cayó de bruces sobre unas matas de tomates, casi listos para su recolección. Rojo de ira y de tomate, maldijo al perro y a todos sus ancestros. Se puso en pie y fue hacia el animal, que creía que su dueño jugaba con él.
Simba esperó sentado y con el loro entre sus patas delanteras, la llegada de su dueño.
Esta vez no se iba a escapar, estaba a un solo paso de la bestia. Se escapó, con una rapidez inesperada, cogió otra vez al loro y se situó a más de veinte pasos de Claudio.
“El hombre rojo” volvió a intentarlo, mientras profería todo un amplio catálogo de improperios y maldiciones.
Unos cuarenta minutos le llevó acorralar al can y otros cinco convencerlo que dejara el loro, con la ayuda de un amenazante tubo de hierro.
¡Por fin tenía a Lázaro! Pero al darle la espalda, el puto perro le propinó un mordisco en el tobillo izquierdo, un mordico que parecía que mantendría para siempre. Claudio, emitiendo una larga cadena de ayees, movió la pierna de un lado para otro, con la intención de deshacerse de la bestia, sin conseguirlo.
–¡Socorro Milagros! ¡Ayúdame! ¡Esta fiera quiere devorarme como al loro! ¡Es un perro asesino!
No fue necesaria la ayuda de la mujer, Simba conforme con la intensidad del castigo, soltó y corrió, por lo que pudiera ocurrir.
Fue mucho menos el daño que el susto, el animal solamente marcó sus colmillos en la piel y poco más, aún así, Claudio se encontraba extenuado, herido, y dolorido. El loro bastante asqueroso, lleno de barro, babas, hierbas y rígido, extremadamente rígido y frío.
–¿Te encuentras bien? –pregunto Milagros bastante conmovida por el penoso aspecto de su marido. –Ven que te voy a curar un poco.
–¿Un poco? Tengo la muñeca izquierda, como mínimo, relajada, alguna costilla rota del porrazo en la tomatera. Doce puntos, o más, me tendrán que dar en la mordedura del chucho endemoniado, que le voy a dar una paliza, que todas la protectoras de animales se enteraran. Pero ahora no tengo tiempo, he de solucionar este problema, para que no nos cueste dinero.
Lo que nos puede costar la gracia del perrito, con la leche que se gasta Eloisa, buena es ella para sus cosas, no te cuento con su loro del alma. Para más INRI, tiene un sobrino abogado, que según sé, si tienes la desgracia que te pida la hora y se la das cinco minutos atrasada o adelantada te mete una demanda.
Claudio, sujetando al loro con mucho asco, entró cojeando en la casa.
En la bañera, lavó concienzudamente el cadáver, con agua templada, jabón de baño y champú para cabellos delicados. Luego, con el mismo celo, lo secó con airé caliente y alisó sus plumas. No dio por concluida la labor hasta estar seguro, que al infortunado, no le quedaba ni la más mínima mota de suciedad.
Con la misma figura que entró en la casa, regresó al exterior, con las leves diferencias de dos vendajes que cubrían la muñeca y el tobillo dañados. Miró e todas las direcciones, todo despejado. El cielo no, estaba cubierto por nubes de color gris oscuro. Notó la falta de una chaqueta.
Encorvado, con el loro pegado a su pecho escondiéndolo y oteando a todos los lados, se acercó al muro. En voz baja llamó la atención de su mujer:
– ¡Milagros, Milagros! Ven aquí y sujétame al loro, mientras me subo a la tapia.
Su esposa se acercó azorada y tomó al pájaro con mucho cuidado. Claudio, subió a una banqueta, para llegar y asirse con más facilidad a la parte superior del muro. Dio un pequeño salto y con una agilidad sorprendente, quizás por la adrenalina del momento, trepó y se puso a horcajadas.  
Con gestos nerviosos, solicitó a Milagros que le diera el loro. Ella alzó todo lo que pudo los brazos y se puso de puntillas, pero no llegaba, no era consciente que estaba lejos del muro, tenía que acercarse un par de pasos más. Posiblemente ofuscada por el tenso momento, lanzó el loro con fuerza, haciéndolo pasar por encima su marido, que intentó atraparlo, lo que le hizo perder el equilibrio y caer al otro lado del muro. Un estruendo de loza rota, hizo temer lo peor a Milagros.
–¡Claudio, Claudio! ¿Te encuentras bien?
El silbante sonido de un chistido, fue la única respuesta que se oyó al otro lado.
Claudio había ido a caer sobre un conjunto de vasijas de barro, que Doña Eloisa había colocado en aquél lugar a modo de ornamento.
No se preocupo demasiado, por el golpe, las posibles lesiones y el estropicio que había causado, todo su mente estaba anegada por deshacerse del loro y salir de allí.
Gruesas gotas de lluvia cayeron sobre él. Una inesperada “tormentilla”, pensó. Miró, buscando  el cadáver del loro, no lo veía por ninguna parte y el tiempo corría, la dueña podía llegar en cualquier instante y las gotas de agua comenzaban a caer con más intensidad. No era una tormentilla, era toda una tormenta de verano con sus rayos y truenos, que no tardó en empaparlo, mientras buscaba al pájaro muerto.
A punto de claudicar en la búsqueda, distinguió entre la espesa cortina de agua, un bulto sobre el suelo, que no entendía a que mente enferma se le había ocurrido ponerlo de una pegajosa tierra de color anaranjado, como la de algunas plazas de toros, que se le estaba adhiriendo incómodamente a la suela de los zapatos. ¡Puñetas! Si aquel bulto era Lázaro, tendría que lavarlo de nuevo. Era Lázaro, cubierto de aquella tierra, afortunadamente sólo lo afectaba  mínimamente, que Claudio limpió con sus manos ayudado por el torrencial que estaba cayendo.
Corrió hasta el porche, en el que encontró la jaula del loro con la puerta abierta. ¿Cómo abriría la puerta el perro?
Introdujo al pájaro, con sumo cuidado lo colocó sobre la barra y lo apoyó levemente sobre las rejas, a fin que quedara lo más derecho posible. Cerró la puerta y se alejó unos pasos para ver el efecto de su trabajo. El loro parecía estar vivo, un poco quieto pero vivo. 
¡Hay que joderse! Lázaro, menudo nombre para un pájaro, si al menos resucitara… Tras el pensamiento, corrió hacia el muro, pero cuando quiso detenerse, sus zapatos resbalaron sobre aquella tierra, ya casi barro. Movió la parte superior del cuerpo con mecánicas rotaciones de cintura, logrando no perder el equilibrio, pero no pudo frenar el veloz deslizamiento, así que quien lo detuvo fue el muro.
Al otro lado, Milagros escuchó el fuerte ruido del impacto y como en la vez anterior preguntó:
– ¡Claudio, Claudio! ¿Te encuentras bien?
En esta ocasión el chisteo se oyó como débil silbido, como cuando un globo pequeño se desinfla.
Como pudo, casi sin fuerzas y dolorido, al quinto intento pudo subir a lo alto del muro, luego saltó inopinadamente a su propiedad, resbaló nuevamente y el tubo con el que amenazó al perro, le produjo una herida en la frente.
Aquella herida, la última, la más dolorosa de todas, porque irrazonablemente la tomó como una venganza del perro, le punzaba desmesuradamente, se llevó la mano a ella mientras lentamente, abandonaba los agrios recuerdos de la mañana y regresaba a la incertidumbre del presente, ayudado por las afónicas quejas de la vecina.
–¡Dios! ¡Yo no hago ningún mal!
–Milagros –Claudio, casi siseando, llamó la atención de su esposa –Pregúntale que es lo qué le ocurre, no vaya a sospechar. Pero recuerda: nosotros no sabemos nada de nada. Mucho ojo –advirtió, estirando con el dedo índice el párpado inferior, de su ojo derecho hasta dar miedo.
Milagros obedeció, no sin antes hacer una mueca de desagrado y con la voz dulce dijo:
–¡Doña Eloisa, doña Eloisa! ¿Qué ocurre? ¿Necesita ayuda?
–¿Que qué me ocurre? –respondió inmediatamente la afligida mujer. –Esto debe ser Brujería o Vudú, ¡Magia Negra! Milagros. Ocurre que hace tres día que enterré a Lazarito y ahora me aparece de nuevo en su jaula.
              












miércoles, 26 de diciembre de 2012

ESTO ES UNA ESTAFA, QUIERO QUE ME DEVUELVAN MI VIDA.















Prohibida su lectura a
niños y a todas
  aquellas personas
que aún crean en
el Ratoncito Pérez.

 
                        Triste, dolorosamente triste, cada momento en que un niño, pierde un poco de inocencia, cada instante que la realidad le roba un pedazo de ilusión.
Ayer no se terminó el Mundo, pero sí acabó la ínfima sombra de fe que quedaba en mí. Porque aunque se niegue, siempre queda en algún hueco para el asombro.
No es que creyera ni deseara que los mayas acertaran con sus predicciones. Nadie hasta este momento, ha podido vaticinar algo semejante con algo de credibilidad. Por otra parte, la tal predicción no existió, hasta que un “iluminado” investigador de lo extraño, hizo público el resultado de sus investigaciones, sobre el Calendario Maya. La profecía no aparece en la piedra en la que se encuentra grabado. Quizás los años solamente lleguen a este 2012, por la simple razón, de que al grabador no le quedara más sitio en la piedra para continuar tallando ni un año más.
Este “no suceso”, me ha revelado que estamos hechos de fantasía, lo cual no significa que seamos seres fantásticos, sino que vivimos en la fantasía, que somos unos ilusos.
Por esa razón la inmensa mayoría somos cinéfilos  y una cantidad notable, adictos a las películas de fantasía y ciencia ficción.
La Vida duele tanto, que nos sedamos con la irrealidad? No coloco el signo de interrogación, al principio de la frase, pues sólo quiero hacer media afirmación, la otra mitad es una pregunta, lo que podía llamarse: “la sombra de la duda”.
Es la misma razón por la que unos se hacen escritores? Para contar, para contarse historias que nunca fueron ni serán.
Ahora, a la larga, a causa de un fin del Mundo que no fue, me duele tener conciencia del engaño en el que ha transcurrido mi vida, de cuantificar la cantidad de desilusiones, que he sufrido. Provocó el regresó a mi mente, recuerdos que se encontraban en el cubo previo al borrado total.
El primer engaño: El Chupete, para que te creas que mamas continuamente y que se vuelve en nuestro primer adictivo.
Recuerdos como la de aquella noche, en la que descubrí que los Reyes Magos no te regalaban nada.
Aquél 6 de Enero me levanté muy temprano ó mi padre se retrasó en colocar los juguetes. Con la ilusión, que alejó los residuos que me quedaban de somnolencia  y cautelosamente, fui hasta la puerta del salón. Podía ocurrir que sus Majestades se encontraran aún allí, por lo miré dejando asomar lo menos posible de mi cabeza, tras el marco de la puerta. Mi corazón se aceleró por lo que estaba viendo, mi padre envolvía y colocaba los regalos.
Las copas de anís y los polvorones, que antes de irme a la cama, dejamos para los Reyes, estaban intactos, al igual que el cubo de agua para los camellos.
No volví a dormirme aquella noche y durante un par de años más, fingí no saber la verdad para no arrebatarle a mi padre la ilusión que le hacía que yo no la supiera.
Esa fantasía, la de los Reyes Magos de Oriente, no sería el único desencanto que me trajo, años después me tocó el rol de padre.
En la actualidad se han unido a estos tres personajes, nuevos engaños, todos descaradamente consumistas: Papá Noel, gordo y vestido con un traje rojo, aspecto  creado ex profeso para que recordara a una conocida marca de refrescos; Las Doce Uvas de la Suerte, una costumbre que data de 1882, nacida en Madrid y con un fin muy distinto al que se le conoce, pues fue concebido con la intención de burlarse de los burgueses, que solían celebrar el fin de año tomando uvas y champán. La Flor de Pascua, la ropa interior de color rojo…
Desilusión se llaman los jalones de mi vida.
Aquella huella de Neil Armstrong sobre la Luna, que vi en un arcaico televisor en blanco y negro, con los emotivos comentarios de Jesús Hermida, que me hizo soñar en que ya venía el tiempo de ver el Universo, como lo hacía Flash Gordon y para avivar la ilusión, llegaron aquellas series de televisión: “Perdidos en el Espacio” , “Star Trek”, “Thunderbirds”, “Espacio 1999”, en la que se contaban los problemas que sufrían los habitantes de una estación científica – militar en la Luna, que a causa de una explosión nuclear, se había salido de su orbita y vagaba a la deriva por el Espacio.
Luego pudimos ver en la pantalla grande “2001, Odisea en el Espacio”, que creaba más expectación  al mítico 2000.
Vi aparecer  las lanzaderas espaciales, que por lo menos tenían la forma más similar a las naves que ya conocíamos, quedando un tanto relegados a aquellos arcaicos cohetes, que dejaban en orbita a pequeñas capsulas, mínimamente gobernables.
Y llegó 1999, y la Luna continuaba dando vueltas alrededor de la Tierra, el 2001sin ninguna odisea ni monolito en nuestro satélite. Antes, en el 2000 fronterizo, no se colapsaron los ordenadores con su entrada.
El Papa, declaró que el Infierno no existía, y se quedó tan tranquilo. Y el miedo que he pasado, las cosas que he tenido que hacer, y lo peor de todo lo que no he podido hacer con tal de no sentir sus llamas eternas. ¿Quién diablos me indemniza a mí?
El actual Benedicto XVI, escribe que en el Portal de Belén no hubo ni buey ni mula.
Te sientes como un idiota, por haber hecho durante años el belén, dándole gran importancia a los nobles animales, pues aquella noche extremadamente fría ­–el algún que otro belén hasta hay nieve­ –, le dieron calor al Niño, y  estúpidamente cantamos villancicos como: Entre un buey y una mula Dios ha nacido… Es posible que terminen diciendo que nació en un Hilton.
Tu fe se resquebraja en silencio, quizás hagas un chiste como única expresión de dolor.
El Ratoncito Pérez, los Reyes Magos, Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás, el Príncipe Azul, lo gnomos, la hadas, Topo Gigio, Cruela de Vil, la Lotto… ¡Nada de nada!
No, no quiero nombrar las promesas electorales ni nada relacionado con la Política.
He sido engañado y la tradición me ha hecho engañar. Nos toman por tontos, nos tomamos por tontos. El engaño no se detiene cuando dejas la infancia, continua siempre, hasta que te mueres, según yo me imagino…, que de lo que hay tras de la Vida, no tengo ni pajolera idea, nunca se me apareció ánima alguna y no seré quien se invente un nuevo cuento.
Me doy de baja de la Tradición, de creencias modernas y por supuesto de las futuras. Abandono el club de los incautos integrales y exijo que se me devuelva lo que me costó, los años de mi vida en los que estuve engañado.
Ya lo sé, este deseo es una estúpida fantasía más, porque me ven a devolver lo mismo que a los de las “preferentes”.
¡Mondo Cane!  

lunes, 24 de diciembre de 2012

FELIZ NOCHE

Te deseo que pases una buena noche, en compañía de los que quieres y te quieren.
Y si por casualidad, o no, has de pasarla solo, ten presente que yo estaré contigo.

Que sean buenas, y que Papá Noel te traiga lo mejor.